Por qué son imprescindibles
Los incendios pueden comenzar de noche sin darte cuenta. Un detector de humo se activa en segundos, dándote tiempo para salir de casa en seguridad. Según estudios, una casa sin detector tiene el doble de riesgo de muerte por incendio.
Son baratos (10-30€) y pueden salvarte la vida. Muchos seguros de hogar los exigen para validar la póliza.
Tipos de detectores
Detectores ópticos: reaccionan a humo visible de fuegos lentos y humeantes. Típicos de dormitorios. Detectores iónicos: sensibles a humo invisible de fuegos rápidos. Para cocinas. Detectores duales: combinan ambos sistemas, cobertura máxima.
Detectores con WiFi: envían notificaciones al móvil además de sonar. Útiles para sordos o personas con audición limitada.
Normativa en España
El Código Técnico de Edificación (CTE) exige detectores de humo en viviendas. Deben instalarse en pasillos de acceso a dormitorios y en la entrada principal. En chalets, se recomienda uno por planta.
Deben estar homologados según UNE-EN 14604. Los fabricantes de calidad incluyen este certificado. La batería debe durar mínimo 5 años y avisar cuando está baja.
Instalación correcta
Coloca detectores en techo o pared alta (últimos 30cm). Evita cocinas por falsas alarmas del vapor. Distancia mínima 30cm de esquinas y paredes. Un detector protege aproximadamente 50-60m².
En casas de una planta, uno es suficiente. En dos plantas, uno en cada una. En sótanos, coloca específicamente para ese espacio.
Mantenimiento y cambio de batería
Prueba el detector mensualmente pulsando el botón de test. Cambia batería cuando empiece a sonar cada 30 segundos (aviso de batería baja). Reemplaza el detector completo cada 10 años, aunque siga funcionando.
Limpia el detector con aspirador suave mensualmente. La acumulación de polvo reduce sensibilidad. Algunos modelos se autolimpian con aire comprimido.